Por Pablo Vargas | pvargas@revistalevelup.com.

Las secuelas suelen tener una misión muy clara: conservar aquello que funcionó y corregir todo lo que se quedó a medio camino. #CodeVein2 parecía tener la oportunidad perfecta para consolidar una franquicia con personalidad dentro del competitivo género de los RPG de acción. Sin embargo, aunque mantiene varias de las virtudes que hicieron destacar al original, también arrastra muchos de sus problemas, dando como resultado una aventura que rara vez consigue sorprender.

Y es que la historia mantiene el estilo anime que caracterizó al original, con abundantes escenas cinemáticas, relaciones entre personajes y una narrativa que vuelve a girar alrededor del sacrificio, la memoria y la supervivencia. También regresan las Blood Codes, la personalización de habilidades y un sistema de combate basado en la movilidad y la agresividad, elementos que hicieron destacar al primer juego frente a otros soulslike.


Sin embargo, el problema real es que Code Vein 2 nunca consigue justificar su existencia como secuela y parece más un DLC, porque desde las primeras horas resulta evidente que Bandai Namco apostó por la continuidad antes que por la evolución. El combate sigue siendo entretenido, pero apenas incorpora novedades capaces de transformar la experiencia, mientras que la progresión se siente demasiado familiar y el diseño de niveles vuelve a caer en escenarios laberínticos que confunden más de lo que incentivan la exploración.
 
La inteligencia artificial de los compañeros continúa siendo irregular y muchos enfrentamientos reciclan patrones conocidos, provocando una sensación constante de déjà vu. Tampoco ayuda que la historia tarde demasiado en desarrollar sus conflictos principales, apoyándose en largas conversaciones y secuencias expositivas que rompen el ritmo con demasiada frecuencia.


No obstante, lo más frustrante es que Code Vein 2 sigue siendo un juego competente. Su dirección artística mantiene un nivel sobresaliente, la banda sonora acompaña muy bien los momentos de acción y algunos combates contra jefes recuerdan por qué el original consiguió formar una comunidad tan fiel. Pero todas esas virtudes son, en gran medida, heredadas del primer título y la secuela nunca encuentra una identidad propia ni ofrece razones suficientes para sentirse como un verdadero salto generacional.
 
Porque al final, más que una evolución, transmite la sensación de ser una expansión demasiado ambiciosa vendida como una entrega completamente nueva. No es un mal juego ni una pésima entrega, tan solo es un juego que se ha quedado a medias. Para quienes disfrutaron del original sigue habiendo motivos para regresar, pero resulta inevitable pensar que la franquicia merecía una apuesta mucho más valiente y audaz.

Calificación final: 7/10


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