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Por Pablo Vargas | pvargas@revistalevelup.com

Si tuviera que sólo una oportunidad para demostrar que los videojuegos, más que mero entretenimiento, son verdaderas obras de arte, escogería sin dudar a 'The Last of Us' (2013). Sí, así de grande es la opera prima de Neil Druckmann. Lo que 'El Padrino' (1972) es al cine, 'The Last of Us' lo es a los videojuegos. Una obra que retrata el lado más oscuro de la humanidad y que se ha consagrado con méritos propios -tanto por la crítica especializada como sus más de 20 millones de usuarios en el mundo-, hasta ser considera como uno de los mejores videojuegos de todos los tiempos,

Con esa corona y responsabilidad a sus espaldas, debutó anoche la serie de 'The Last of Us' en HBO, con una misión realmente titánica -por no llamar casi imposible-, de convertirse en la primera adaptación de un videojuego a la gran pantalla o formato televisivo, que no termina insultando y decepcionando a sus fans. 


Desde el bodrio infumable que fue la adaptación de 'Super Mario Bros' (1993) en la gran pantalla, hasta el desastre de proporciones bíblicas que fue la serie de 'Resident Evil' (2022) en Netflix, durante más de 30 años, Hollywood se ha empeñado, en destruir cualquier atisbo de esperanza, de poder presencia una adaptación digna de un videojuego en formato cine o televisivo. 

Y a pesar de ello, contra todos los pronósticos, desde el primer minuto de la serie de 'The Last of Us' en HBO, queda claro que estamos ante una producción de alto calibre que decidió romper con esta eterna maldición que ha perseguido a los videojuegos durante casi 3 décadas y finalmente brindarnos una adaptación que se encuentra a la altura del material original.

Cada escena homenajeada a calca, cada diálogo transcrito del guion del videojuego a la pantalla, cada nota de su espectacular y emotiva banda sonora, cada actuación en el punto del mar de emociones que carga su historia, cada detalle y referencia que expande el lore de su propio universo, cada toma y escenario, han sido claves para marcar el camino de una producción que lo tiene todo para convertirse en la mejor adaptación de un videojuego que hayamos visto en nuestras vidas.


El involucramiento del propio Neil Druckmann (The Last of Us, 2013) y Craig Mazin (Chernobyl, 2022) han sido piezas fundamentales en escribir una historia, que en su episodio premiere, adapta el prólogo y los primeros 3 capítulos del videojuego, casi que a calca, recreando las escenas más importante de la trama de la producción original, pero tomándose las libertades creativas suficientes para explicar de forma magistral detalles de la narración que habían quedado como interrogantes en la historia, o que eran parte de la experiencia propia del videojuego.

Uno de los mayores retos de adaptar un videojuego al formato cine/tv, es que en los videojuegos, los jugadores/as son los protagonistas de la historia, llevando esta a su propio estilo y ritmo, pero a través de un viaje narrativo que está configurado de tal manera, en el que cada paso que damos, lo damos junto al personaje; cada golpe, cada lágrima, cada risa, la vivimos en carne propia; no somos espectadores/as, somos los protagonistas; en una película/serie, el factor unipersonal y la interacción se elimina y damos paso a un rol más pasivo que activo, en el que somos simplemente los espectadores/as de lo que ocurre a los protagonistas en la pantalla. 

En un videojuego, la historia se cuenta a través de la experiencia directa con el mundo en el que interactuamos, notas, documentos, referencias y diálogos con personajes secundarios que vamos encontrando en el camino a lo largo de nuestra aventura van definiendo la narrativa; la experiencia del juego es personal, y se mueve acorde a nuestra visión del mismo, los personajes y su propio universo; vamos avanzado a nuestro estilo y ritmo; esto es algo que no se puede replicar de la misma manera en la tv/cine, pero la serie lo hace de forma magistral.


Un ejemplo de esto, lo vemos en la escena inicial de la serie que sirve para sentar las bases del fenómeno detrás del cordyceps, la principal amenaza del mundo en el que se ambientan el juego y la serie; en el juego, lo vamos descubriendo a través de las notas de audio de diversos doctores y científicos que luchaban contra la enfermedad; pero en la serie, plasman las reglas de su universo directo y al punto, a través de una escena perfecta, cargada de intriga, terror hacia lo desconocido en una atmósfera de incomodidad y tensión que sirve de punto de partida para la trama principal. 

Esta, es una constante en la serie al ampliar el contexto de su narrativa e ir colocando las piezas claves en un ritmo televisivo, que se toma el tiempo necesario para explicar o referenciar pequeños detalles que los fans del videojuego amarán, pero de igual forma, avanza a buen ritmo para no perder el interés de las personas que no conocen nada del juego y quieren disfrutar de la serie como un producto que funciona a la perfección por sí solo. 

En esto contribuyen sin duda, las actuaciones de todo el elenco principal, quienes hacen que sea fácil identificarse con los personajes, que salen adelante con el reto de tener que cumplir a dos bandas: tanto para los fans del videojuego que ya tienen una idea preconcebida de personajes con los que jugaron por más de 10 años -y tienen un vínculo emocional-, como para aquellos que no tienen relación alguna con los protagonistas de la historia, al ser su primer contacto. En ambos escenarios, la serie cumple al 100% las expectativas, especialmente en su versión de doblaje latino, al usar a los mismos actores de doblaje del juego original, para dar vida nuevamente a los personajes de la serie. 


El manejo de los tiempos, es nuevamente fundamental; a diferencia del videojuego, la serie se toma su tiempo en que conozcamos a Joel (Pedro Pascal) y su hija Sarah (Niko Parquer) en el mundo post-pandemia, para ir construyendo lentamente una sensación de calma antes de la tormenta que resulta escalofriante; sabemos exactamente lo que va a pasar, pero aún así, nos toma por sorpresa tirando un gancho al hígado que hace que los acontecimientos claves de la historia, duelan y sean incluso más más desgarradores que en su versión original, tanto para quienes ya saben lo que va a suceder, como para quienes desconocen del todo la historia del juego.

Es un gran acierto, que la serie no sea una adaptación 1:1 del videojuego, y se tome sus libertades creativas para desgranar un poco más las personalidades detrás de los protagonistas; acelerar la narración cuando tiene que hacerlo cambiando pequeños detalles que no afectan el resultado global, y bajarle nuevamente el ritmo para centrarse en ampliar ciertos detalles que tendrán un gran impacto a nivel de historia; todo esto, con un amor y cariño fidedigno por el material original, de cada uno de los involucrados es simplemente para aplaudir de pie. 

Al final del camino, lo que HBO ha hecho en el episodio premier de la serie de 'The Last of Us' es antología; adaptando a la perfección una verdadera obra maestra a la que trata con un cariño excepcional y respeto genuino por el material en que está basado, logrando expandir el lore de su propio universo a través de un hilo narrativo que nos regala una experiencia única y maravillosa, tanto a los fans del videojuego, como aquellos que no conocen nada de su obra original. 


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