(Análisis) Game of Thrones | Episodio 05: The Bells | Revista Level Up - Revista Level Up

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lunes, mayo 13, 2019

(Análisis) Game of Thrones | Episodio 05: The Bells | Revista Level Up

Por Pablo Vargas | pvargas@revistalevelup.com

"Es fácil hacer cosas que son impactantes o inesperadas, pero tienen que crecer desde los personajes. Tienen que crecer de las situaciones. De lo contrario, son solamente impactantes, por ser impactantes" (George R.R. Martin)

'Game of Thrones' ha danzado ambiguamente a lo largo de esta temporada entre la construcción de un clímax épico y poderosamente memorable en escenas cargadas de fuertes emociones, y el lamentable decrescendo de una historia que se sumerge en un mar de inconsistencias narrativas, cuya única constante es la decepción generalizada que ha dejado semana a semana entre sus fans y la agridulce sensación de una producción que lo tenía todo para consagrarse como una de las mejores series en la historia de la televisión, y amenaza con convertirse en su tramo final en una serie más del montón.


Y esto es una profunda ironía, porque en el fondo, esa ambigüedad que ha caracterizado a la última temporada es la esencia de 'Game of Thrones', una historia en la que no hay tonos claros u oscuros, sólo una paleta de grises. Un mundo amoral, en el que no hay héroes ni villanos. Sólo personas con virtudes y defectos que toman decisiones y afrontan sus consecuencias. A lo largo de ocho temporadas, 'Game of Thrones' se situó en el punto intermedio que genera la exquisita mezcla entre los complejos personajes que presentan 'Los Soprano' y el vasto mundo mágico de 'The Lord of the Rings', donde nada es aleatorio, sino que todo ocurre como parte de la evolución del arco narrativo de sus personajes.


En 'The Bells', David Benioff y DB Weiss han puesto una vez más en manifiesto que 'Game of Thrones' cuenta con equipo de lujo a nivel audiovisual para retratar escenas de alto perfil y presupuesto, con un estrepitosa gama de efectos especiales que nos han erizado la piel en cada una de las tomas que nos regala Miguel Sapochnik, en un trabajo técnico verdaderamente impecable: grandes duelos, frases poderosas, muertes heroicas y escenas realmente emotivas. Y al mismo tiempo, ninguna de estas poderosas escenas tiene sentido o consistencia, ni siquiera dentro de su propio universo.


Ese es el gran pecado de esta última temporada de 'Game of Thrones', una profunda y clara incapacidad de mantener su propia consistencia narrativa y absurdo desconocimiento de las motivaciones de sus personajes para plasmar una historia que no sólo parece avanzar a brincos y a saltos, sino que atenta contra todo cuanto ha construido a lo largo de ocho años. Y no, no se trata de buscar "un final feliz", porque remembrando las palabras de Ramsay Bolton "Si piensas que esto tiene un final feliz, no has estado prestando atención". No. No se trata de eso. No se trata de esperar un final feliz, únicamente un final coherente.


Lamentablemente, si de algo carece hoy 'Game of Thrones' es de sentido y coherencia. Desde que la serie pasó de ser un guión adaptado de 'Canción del hielo y el fuego' a una obra original, 'Game of Thrones' ha presentado episodio tras episodio profundas grietas en su propia consistencia. Desde la temporada seis, se notaba un aceleramiento constante de las motivaciones de los personajes en pro del avance de la historia. Como si cada uno de los personajes fuesen meramente fichas que debían trasladar de un lugar a otro para darle sentido a las decisiones creativas de los productores de la serie, cada vez más empecinados en terminar la historia a como diese lugar, rechazando incluso la opción original de desarrollar la serie en diez temporadas y terminarla abruptamente en ocho temporadas.


Y esto se nota, a granel. Se nota en sus personajes y se evidencia también en la historia, cuyo peso filosófico ha sido absurdamente simplificado, dejando atrás los complejos dilemas morales y la ambigüedad de sus personajes en busca de una historia más simple, pero poderosa. Estaba claro desde el principio de esta temporada que los papeles habían cambiado y que Daenerys se convertiría en la villana de la historia. Las señales estaban ahí, siempre lo estuvieron. Pero nuevamente, no es el fondo... es la forma en que sucede. A medida que fue avanzando la última temporada, la khalessi comenzó a cometer serios errores de estrategia militar, política y hasta amorosos que no había cometido nunca antes, pero eran piezas esenciales en su caída libre hacia la locura.


Y el resultado se visualizaba a leguas. Lo mencionamos desde el primer análisis y lo seguimos recalcamos semana tras semana: David Benioff y DB Weiss estaban llevando, a una velocidad inusitada, en un fallido tour de force a Daenerys para sumergirle en la completa locura. Y no fallamos en nuestro pronóstico: transformaciones completas a lo largo de ocho temporadas se precipitaron en en cuatro episodios. La guerra que se nos vendió como “más importante” se solucionó con un deus ex machina vergonzoso e insultante y todos los años de sufrimiento y valiosos aprendizaje, todo el camino recorrido por la khalessi para frenar sus peores impulsos, "romper la rueda" y responder con "justicia a la injusticia" sirvieron de nada cuando la victoria ya estaba en sus manos.


Cegada por la locura y la venganza, en una marco enorme de despropósitos y sin sentidos, cuando las campanas de la rendición habían sonado y King's Landing había depuestos las armas, Daenerys decidió quemar a miles de inocentes por puro despecho. A partir de allí, todo carece de sentido y no vale la pena el esfuerzo y el desgaste. De la forma más burda, David Benioff y DB Weiss convirtieron en menos de ochenta minutos a la rompe cadenas en una criminal de guerra, que deja atrás sus ideales de proteger "mujeres y niños" para masacrarlos brutalmente con hierro y fuego. Y a pesar de esa brutal y agónica carnicería, logran regalan una pizca de momento realmente memorables: la muerte poética de Cersei y Jaime, ahogada en llanto, sin tener más salida y enterrada en los restos de su castillo. Su final es cruel y doloroso. Lo es también la muerte de Sandor, en una batalla legendaria que quedará grabada para siempre en la memoria, los paralelismos sin escrúpulos de la víctimas de la guerra o esa toma final de Arya, completamente rota y destruida por dentro.


Lamentablemente, los cierres de estos personajes son las excepciones a la regla. La forma en que avanzan las historias de Varys (ejecutado por traición), Tyrion, (siempre dos pasos detrás) Jon (un líder en caída libre) y Daenerys (la loca de turno) es vergonzosa. Especialmente, todo lo referente a la madre de los dragones y su descenso al lado oscuro. Y aunque las comparaciones sean odiosas, a veces son realmente necesarias. Porque no se trata de los géneros, sino de historias, y la forma en que construyen o destruyen sus personajes es la clave de todo. Es lo que hace producciones del montón a verdadera obras de arte. Breaking Bad es una muestra perfecta del detallado proceso de transformación de su protagonista. Lo que Vince Gilligan hace con Walter White es de antología y los productores de 'Game of Thrones' deberían haber prestado atención, mucha atención a Ozymandias antes de escribir el antepenúltimo episodio de la temporada. Porque 'Breaking Bad' cachetea la evolución de un personaje que no se limita a la historia del "bueno que se vuelve malo", algo que David Benioff y DB Weiss tratan de copiar y fallan miserablemente.


Porque nuevamente, no es algo que sorprende. Las señales siempre estuvieron allí. Pero llevar a un personaje a su lado oscuro requiere de puntos de inflexión que justifiquen su actuar. Hay cientos de reglas narrativas que todo escritor conoce y que sentencian una y otra vez que un autor no puede simplemente llevar de "x" a "y" a un personaje a la locura, porque se siente como un efecto artificial y engañoso. A lo largo de las cinco temporadas de 'Breaking Bad', Walter White tiene diez puntos de inflexión (da para un análisis completamente aparte) que revelan lo que realmente es, y que retratan a la perfección la transformación del héroe a villano. Y por ello, sin importar lo despiadado, impactante o grotesco que sea este descenso al hades, la audiencia lo abraza y ama, porque su evolución es real y coherente con su propio universo. Porque cada una de sus decisiones, le llevaron allí, de una manera natural y constante en la construcción o destrucción del personaje.


Cuando se omite este camino, el resultado se percibe artificial -por más alucinante y brillante a nivel técnico que sea-, al enfocarse el objetivo principal en ser impactante por el mero hecho ser impactante. Todo de forma gratuita y aleatoria. Y esto se justo lo que el propio creador de 'Game of Thrones' achaca a múltiples autores y producciones en la frase con la que damos inicio -y también cierre-, a este análisis. Porque es la frase que mejor resume el desastre que ha sido de principio a fin esta temporada, buscando el giro inesperado de forma barata y dejando a su paso un centenar de escenas ambiguas e ilógicas que buscan ser impactantes, por el sólo hecho de ser impactantes; quedando nuevamente retratada la tragedia griega de una temporada que tenía todo para consagrar a 'Game of Thrones' como una de las mejores series en la historia de la televisión, y terminó sumergida en un mar de inconsistencias que hoy le hacen una serie más del montón.

Calificación: 5/10


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3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Totalmente de acuerdo. Destruyeron la construcción de todos los personajes en 2 episodios. El principe prometido no hace nada, el cuervo de 3 ojos no hace nada. Tyrion ahora es un tonto y Dany una loca. Todo de un episodio para otro.

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