Cuando la casa te observa: La maldición de Hill House y el terror de perderte a ti misma (1959)
Shirley Jackson no necesita espectros con cadenas ni sangre en las paredes para aterrar. Su novela La maldición de Hill House (1959) es una de las cumbres del terror psicológico, no porque la casa esté encantada, sino porque puede que lo esté la mente de quien la habita. Y Stephen King ha citado esta novela como una de las más importantes de la historia del género. Y no es casualidad.
La historia sigue a Eleanor Vance, una mujer solitaria, emocionalmente frágil, que es invitada a una investigación paranormal en Hill House, una mansión aislada con una reputación siniestra. Desde el principio, la atmósfera es incómoda: las paredes tienen ángulos que no deberían existir, los pasillos parecen cambiar de forma, y algo —algo que nunca se muestra del todo— parece estar al acecho. Pero el foco no está en la casa en sí, sino en Eleanor, cuya percepción se vuelve cada vez más confusa, contradictoria y desesperada.
Eso es lo que convierte la novela en una obra maestra del terror psicológico: no estás seguro de qué es real y qué es producto de la mente de Eleanor. Lo que da miedo no es lo que la casa contiene, sino lo que puede hacerle a alguien vulnerable. Jackson nunca da respuestas claras, y eso es intencional. Te hace dudar junto con el personaje. Y cuando llega el final, lo que se rompe no es un hechizo... es una psique.
Shirley Jackson entendía mejor que nadie que el terror más efectivo es el que se esconde en lo cotidiano. En las voces que solo uno escucha. En la sensación de no pertenecer. En ese anhelo profundo de ser vista, aceptada... incluso por una casa embrujada. Hill House no atrapa a Eleanor. Ella va hacia ella.
Curiosamente, La maldición de Hill House fue un cambio de paradigma para el género. Mientras muchas historias de casas encantadas se centraban en fenómenos paranormales visibles, Jackson convirtió el miedo en algo invisible, íntimo, psicológico. Sus descripciones están cargadas de ambigüedad, y lo más aterrador rara vez ocurre en la página: ocurre en tu cabeza.
Stephen King ha citado esta novela como una de las más importantes de la historia del género. Y no es casualidad. Jackson abrió la puerta a un tipo de horror que no grita… susurra. Uno que no asusta por lo que muestra, sino por lo que sugiere.
Y lo mejor —o lo peor— es que después de leerla, te das cuenta de que Hill House podría no estar tan lejos. Que el verdadero miedo podría estar más cerca de lo que pensabas. Tal vez, incluso, adentro.
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