Por Pablo Vargas | pvargas@revistalevelup.com.

Harold Halibut es una verdadera joya dentro del panorama de videojuegos independientes y uno de los mejores títulos del año. Desarrollado durante más de 14 años por el pequeño pero ambicioso estudio Slow Bros, este juego se diferencia desde el primer momento por su particular proceso de creación: todos los escenarios, objetos y personajes fueron construidos a mano con materiales como madera, tela y arcilla, para luego ser escaneados y animados digitalmente en una especie de stop-motion moderno. El resultado es un mundo que se siente real, lleno de textura, con una calidez visual que rara vez se encuentra en los videojuegos.

La historia transcurre dentro de la FEDORA, una nave espacial que alguna vez tuvo la misión de salvar a la humanidad colonizando otro planeta, pero que terminó atrapada en el fondo de un océano alienígena. Ahí vive Harold, un joven asistente de laboratorio que lleva una vida tranquila y rutinaria, hasta que ciertos acontecimientos lo empujan a salir de su zona de confort. A partir de ahí, comienza una aventura introspectiva, con momentos de descubrimiento y una galería de personajes entrañables que dan vida a este entorno tan peculiar.


Lo más sorprendente es cómo el juego logra equilibrar su estética artesanal con una narrativa profunda y cuidadosamente construida. Inspirada en la ciencia ficción clásica y en los futuros imaginados durante los años 70 y 80, la historia se desarrolla con un ritmo pausado pero envolvente, que invita a observar, escuchar y dejarse llevar. Aquí no hay combates ni decisiones apresuradas, sino una invitación a sumergirse en un universo que se siente vivido, imperfecto y lleno de matices.

El guion apuesta por diálogos naturales, cargados de humanidad, que permiten empatizar rápidamente con los personajes. No hay grandes discursos ni giros exagerados, sino conversaciones sinceras, silencios significativos y una melancolía constante que acompaña toda la experiencia. Harold Halibut no busca impresionar con efectos ni pirotecnia narrativa, sino conectar emocionalmente desde lo cotidiano y lo íntimo.


Todo esto se complementa con una dirección de arte impresionante y un diseño sonoro que acompaña con discreción, pero que es clave para crear la atmósfera envolvente del juego. Cada rincón de la nave está lleno de detalles que invitan a explorar, con una paleta de colores apagada pero evocadora, que refuerza la sensación de aislamiento y nostalgia. La música, suave y ambiental, termina de cerrar un conjunto que respira coherencia y buen gusto.

Harold Halibut es, sin duda, una obra única. Más allá de su valor como videojuego, es una expresión artística que desafía las convenciones del medio y nos recuerda que aún hay espacio para la experimentación, la paciencia y el cuidado extremo por los detalles. Es una experiencia difícil de clasificar, pero imposible de olvidar, y por eso ocupa con merecimiento un lugar especial entre lo mejor del año.


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