Por Pablo Vargas | pvargas@revistalevelup.com.

#Review | A casi 31 años de su estreno, #ToyStory sigue funcionando con una solidez que no depende del mito tecnológico que la rodea, sino una emoción muy simple, casi infantil en su honestidad, pero tratada con una seriedad que hoy se siente menos común: el miedo a ser reemplazados.

Porque como una paradoja en sí misma y un reflejo brillante del cambio del cine de animación tradicional al digital, la película, es una clara lucha de poder entre dos corrientes: la tradición de la animación clásica de Disney, construida sobre décadas de dibujo y expresividad artesanal, frente a la irrupción de la animación digital, que no solo cambiaba la técnica sino la forma de imaginar el movimiento y la existencia en pantalla.


Un cambio que justo en los 90s, estaba en su boom cultural, con la evolución de la tecnología reemplazando lo artesanal. Y es que Woody no está construido para ser simpático ni ejemplar; está hecho desde el miedo a perder su lugar. Su comportamiento no se ordena como arco limpio, sino como impulsos torpes que nacen del pánico de dejar de ser necesario. Y por eso se siente tan reconocible, incluso hoy más que nunca con todo el boom de la IA.

Mientras que Buzz Lightyear funciona como el otro extremo de esa fragilidad; una identidad completa que solo existe mientras el mundo la sostiene y que no viene de una tradición, sino desde la imaginación, incluso si esa imaginación es falsa. Por ello, su crisis no es simplemente descubrir la verdad, sino enfrentarse a que su forma de entenderse a sí mismo no encaja con el mundo que lo rodea. Y eso, te golpea con fuerza.




Y ahí, es donde nace Pixar. Sin escenas infladas ni emociones forzadas, en medio de un caos en el que cada momento parece existir porque tiene que existir, no porque quiera impresionar i convertir choque generacional en un discurso explícito, porque los personajes no explican lo que representan; lo viven.
Y en esa fricción entre lo clásico y lo emergente, entre estabilidad y transformación, la historia adquiere una lectura más amplia sin dejar de ser íntima, y por ello, a pesar del paso del tiempo, sigue hoy tan vigente, no por lo que explica, sino por lo que deja flotando después.

¿Quiénes por acá recuerdan la primera vez que la vieron?

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